Índice del artículo
Para recordar
- Las rabietas son más frecuentes entre 1 y 3 años y por lo general se atenúan después de los 3.
- Hambre, cansancio y cambios bruscos desencadenan muchas rabietas: anticípate.
- Durante la rabieta: calma, seguridad, pocas palabras y no se cede.
- Golpes y mordiscos: se detiene el gesto, se separa y nunca se pega de vuelta.
- Agresividad inusual durante varias semanas o lesiones: habla con el pediatra.
Quería el vaso azul y le diste el rojo. Treinta segundos después, tu hijo de 2 años grita, se tira al suelo y patalea en el aire. Las rabietas infantiles a esta edad pueden ser espectaculares, y a menudo dejan a los padres agotados, avergonzados o preocupados.
Sin embargo, recuerdan los pediatras, son una etapa normal del desarrollo. Lo que lo cambia todo es cómo se responde: antes, durante y después de la crisis. Aquí tienes pautas concretas, apoyadas en las recomendaciones de los pediatras estadounidenses y de los especialistas quebequeses en primera infancia.
¿Por qué los niños pequeños hacen rabietas?
Porque sienten emociones muy fuertes sin tener aún los medios para gestionarlas. La Academia Americana de Pediatría (AAP) recuerda que las rabietas son una parte normal del desarrollo y que son más frecuentes entre 1 y 3 años. Es la etapa que el inglés llama terrible twos ("los terribles dos"). Por lo general se atenúan después de los 3, sin desaparecer del todo.
A esta edad, el control de los impulsos aún se está construyendo. El niño quiere hacer solo, elegir, decidir, pero choca sin cesar con límites: el suyo (no lo consigue) y el tuyo (no se le permite). Naître et grandir describe a un niño desbordado por emociones que no sabe comprender ni nombrar. Su rabieta es una forma de decir que algo no va bien. La AAP insiste en este punto: hay que enseñarle a expresar su enfado con palabras y no con los pies o los dientes, al ritmo de su lenguaje.
El temperamento también influye. Algunos niños hacen muchas más rabietas que sus hermanos, subraya la AAP, y eso no significa que les des menos atención.

Antes de la rabieta: lo que evita muchas explosiones
Muchos enfados se pueden prevenir. Suelen estallar en los mismos momentos: el niño tiene hambre, está cansado o se le arranca bruscamente de su juego.
| Desencadenante frecuente | Lo que ayuda |
|---|---|
| El hambre | Una merienda antes de la compra o de la visita, no después |
| El cansancio | Respetar siestas y hora de acostarse, también de vacaciones o en fiestas |
| El cambio brusco | Avisar antes de que acabe el juego, mantener rutinas regulares |
| La sensación de impotencia | Ofrecer dos opciones en lugar de una pregunta cerrada |
| La necesidad de atención | Fijarte y nombrar lo que hace bien, cada día |
La AAP aconseja también elegir las batallas. Ceder en lo que no importa, como el color del vaso, permite mantenerse firme en lo que sí cuenta. Antes de una situación difícil (una espera larga, una comida familiar), explica de antemano lo que va a pasar y lo que esperas de él.
El sueño pesa mucho en el equilibrio: nuestro artículo sobre las necesidades de sueño de 0 a 3 años da pautas por edad.
Durante la rabieta: ¿qué hacer y qué no hacer?
Mantén la calma, asegura su seguridad y habla poco. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero la AAP lo recuerda: los niños copian la manera en que sus padres gestionan su propio enfado.
- Pon al niño a salvo. Si corre el riesgo de hacerse daño, de correr hacia la calle o de caer por una escalera, sujétalo con firmeza, diga lo que diga.
- Quédate cerca. Un niño pequeño en plena tormenta necesita un adulto tranquilo para calmarse. Si te rechaza, quédate a su lado y dile simplemente que estás ahí.
- Nombra la emoción en una frase: «Estás muy enfadado porque querías el azul.» Nada de sermones: ahora no puede oírlos.
- No discutas, no negocies. La AAP recomienda ignorar la mayoría de las rabietas, es decir, no alimentar la escena con palabras o miradas, sin ignorar nunca un peligro.
- No cedas. Si dijiste no, mantenlo. Según la AAP, es la constancia de un día para otro lo que hace disminuir las rabietas con el tiempo.
Y si sientes que te hierve la sangre, pasa el relevo al papá o a otro adulto, o tómate una pausa de unos instantes, con el niño siempre vigilado. Es un consejo de la AAP y de Naître et grandir.
El tiempo fuera, ¿a qué edad?
Los especialistas no están de acuerdo. La AAP admite un tiempo fuera como último recurso, de aproximadamente un minuto por año de edad. Naître et grandir lo desaconseja antes de los 3 años, porque el niño pequeño puede vivirlo como un abandono, y habla más bien de 2 a 5 minutos, en un lugar tranquilizador, con el adulto cerca. En ambos casos, la pausa sirve para calmarse, nunca para humillar. Los principios se detallan en nuestro artículo sobre la crianza positiva.
Mi hijo pega o muerde: ¿cómo reacciono?
Aquí no se espera a que pase. La AAP es clara: se pueden ignorar los gritos, nunca los golpes, los mordiscos, las patadas ni los objetos lanzados.
- Detén el gesto de inmediato, y separa a los niños hasta que se hayan calmado.
- Atiende primero al que ha resultado herido. La atención, recuerda la AAP, tiende a reforzar la conducta a la que acompaña.
- Di la norma en pocas palabras: «No se pega. Pegar hace daño.»
- Enséñale qué hacer en su lugar: decir «no» con firmeza, dar la espalda, buscar un acuerdo.
Antes de los 3 años, recuerda la AAP, el niño suele entender mal el castigo: es mejor repetir el límite, una y otra vez. Y sobre todo, no le pegues de vuelta. Pegar a un niño para enseñarle a no pegar envía un mensaje contradictorio. La Organización Mundial de la Salud señala además que los castigos corporales aumentan la agresividad de los niños y agravan con el tiempo los problemas de conducta. Cuando estos gestos van dirigidos a un hermanito o hermanita, consulta también nuestro artículo sobre los celos entre hermanos.
Después de la tormenta: poner palabras y reconciliarse
A menudo es el momento más útil. Cuando el niño ha bajado de revoluciones, vuelve con él con calma. Naître et grandir propone una pequeña secuencia: recordar brevemente lo ocurrido, nombrar el gesto que no está bien, acordar qué se hará la próxima vez y reconciliarse, con un abrazo, por ejemplo. Si está tranquilo pero no quiere hablar, respétalo y retómalo más tarde.
Para ayudarle a domar sus emociones a lo largo de los meses, la AAP sugiere:
- nombrar tus propias emociones sin herirle: «Mamá está muy molesta», en vez de «Me vuelves loca»;
- ayudarle a nombrar las suyas, dejando que te corrija si te equivocas;
- mostrarle cómo calmarse, por ejemplo respirando hondo juntos;
- felicitarle con precisión cuando gestiona bien una frustración.
Un objeto reconfortante, como un doudou (el muñeco de apego), ayuda también a muchos niños pequeños a recuperar la calma. Un libro ilustrado sobre las emociones puede servir de apoyo para hablar de ellas en frío.
Selección de la tienda
Para consolarse y poner palabras a las emociones
Un muñeco de apego ayuda a muchos niños pequeños a recuperar la calma, y un libro ilustrado de las emociones da palabras a lo que sienten. Nada es imprescindible: tu presencia tranquila sigue siendo el mejor consuelo.
−48 %NathanLibro de imágenes de las emociones para llevar a todas partes – Nathan75 DHen lugar de 145 DHVer el producto
−48 %Histoire d’OursPeluche Pigloo rosa 30 cm – Histoire d'Ours182 DHen lugar de 350 DHVer el producto
−9 %DoomooDudú reversible y reconfortante You&Me beige – Doomoo255 DHen lugar de 280 DHVer el producto
−48 %Histoire d’OursPeluche Cisne blanco 30 cm – Histoire d'Ours234 DHen lugar de 450 DHVer el producto
−48 %Doudou et CompagnieMuñeco dudú rosa con moisés – Doudou et Compagnie356 DHen lugar de 690 DHVer el producto- Toda la sección · Dudús17 productos en línea, con envío a todo Marruecos.Ver la sección
Productos vendidos por La Maison du Bébé, editora de esta revista. Precios del 12 de octubre de 2026; compruébalos en la ficha del producto.
Rabieta en el supermercado o en casa de la familia política: el enfado en público
En público, la rabieta es la misma, pero eres tú quien está bajo presión. Las miradas y los comentarios («dale lo que quiere», «está mal educado») empujan a ceder o a levantar la voz. Algunos reflejos ayudan:
- Anticípate: haz la compra después de la siesta y la merienda, anuncia la norma antes de entrar («Hoy no compramos caramelos»).
- Cambia de lugar: sal del pasillo o de la habitación, ve a un rincón tranquilo, fuera o al coche. Lejos de las miradas, todos respiran.
- Mantén la decisión tomada. Ceder para acabar con la escena enseña al niño que el público es una buena palanca.
- Ignora los comentarios. Una frase basta: «Está cansado, se le pasará.» Tu hijo importa más que la opinión de los transeúntes.
En las veladas familiares largas, bodas o fiestas que acaban tarde, el cansancio se acumula. Prever un lugar tranquilo donde pueda descansar evita muchas rabietas de final de velada. Y si un familiar interviene durante la rabieta, acordad de antemano que quien lo gestiona es el progenitor presente.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad se acaban las rabietas?
Son más frecuentes entre 1 y 3 años, y por lo general se atenúan después de los 3, sin desaparecer del todo. Su frecuencia depende mucho del temperamento: un niño puede tener muchas más que su hermano sin que tú tengas la culpa. Unas normas estables de un día para otro ayudan a espaciarlas con el tiempo.
¿Hay que coger en brazos a un niño en plena rabieta?
Depende del niño. Muchos pequeños necesitan un adulto tranquilo y cercano para calmarse, y los niños ansiosos aún más. Otros rechazan el contacto: respétalo, quédate a su lado y dile que estás ahí. Si hay peligro, como una calle o una escalera, sujétalo con firmeza, diga lo que diga.
Mi hijo se tira al suelo para conseguir un caramelo: ¿debo ceder?
No, no durante la rabieta. Ceder le enseña que gritar funciona, y la escena corre el riesgo de repetirse. Elige tus batallas en frío: si el caramelo es aceptable, ofrécelo antes de que lo pida, o anuncia la norma al entrar en la tienda. Una vez tomada la decisión, mantenla con calma, aunque dure unos minutos.
Rabieta o capricho: ¿cuál es la diferencia?
La palabra capricho sugiere que el niño manipula. Antes de los 3 años casi nunca es así: lo desborda una emoción que aún no entiende, y su conducta dice que algo no va bien, como el hambre, el cansancio o la frustración. Eso no impide mantener el límite. Se acoge la emoción, no la conducta.
Mi hijo de 18 meses muerde en la guardería: ¿qué hago?
A los 18 meses, el niño tiene aún pocas palabras y poco autocontrol, lo que explica muchos mordiscos. Detén el gesto de inmediato, di brevemente que morder hace daño, atiende primero al niño mordido y luego aparta al tuyo mientras se calma. Antes de los 3 años el castigo se entiende poco: es mejor repetir el límite. Coordínate con el equipo de la guardería.
Fuentes
- Top Tips for Surviving TantrumsAmerican Academy of Pediatrics (HealthyChildren.org) · Estados Unidos
- 10 Tips to Prevent Aggressive Behavior in Young ChildrenAmerican Academy of Pediatrics (HealthyChildren.org) · Estados Unidos
- How to Shape & Manage Your Young Child's BehaviorAmerican Academy of Pediatrics (HealthyChildren.org) · Estados Unidos
- What's the Best Way to Discipline My Child?American Academy of Pediatrics (HealthyChildren.org) · Estados Unidos
- Discipline : le retraitNaître et grandir · Canadá (Quebec)
- Discipline : quand et comment définir des règlesNaître et grandir · Canadá (Quebec)
- Votre rôle parental envers votre enfant : la discipline positiveHealthLink BC, Gobierno de la Columbia Británica · Canadá
- Corporal punishment of children and healthOrganización Mundial de la Salud (OMS) · Internacional
